No somos pareja… ¿no?

Publicado: 23 de julio de 2013 en Uncategorized
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No somos pareja. Nos gustamos, nos reímos juntos, lo pasamos bien, pero no somos pareja. Ya tuvimos la conversación en el último café, esa conversación que pone nombre a lo que somos. Y no somos pareja.

Su Whatsapp se ha despertado. ¿O todavía no se habrá acostado? No hay respuesta a mi último “buenas noches, que lo pases bien”. Y lo ha leído. Odio el doble check.

Nos conocimos hace un mes. Hace tres semanas lo hicimos por primera vez y, desde entonces, nos habremos visto unos veinte días, aunque sólo nos acostamos diez. Evidentemente, no somos pareja.

Miro Twitter. Ayer salió. Miro Facebook. Tiene tres amigos nuevos. Miro Instagram. ¿Quién es ese tipo que le abraza?

Lo nuestro es especial, por eso los nombres, los límites y las reglas no existen entre nosotros. A ninguno de los dos nos funcionaron en el pasado las relaciones convencionales, por eso mejor seguir así… Ahora que lo repito aquí me suena raro, pero, cuando se lo expliqué, ella puso cara de entenderlo bien.

Cuelga un vídeo de una canción. No es una canción de amor. En él hay sexo, locura y diversión. Doy a “Me gusta” porque no hay otro botón. Fotos suyas en la playa… qué cuidados tiene los pies… Anda, mira, hace topless. Y sé que sólo se le ve la espalda, pero… ¡qué bien se lo pasa!

Hace tres días dormíamos juntos. Hace dos se fue de vacaciones. Ayer no me llamó, y, en su mensaje, al emoticono, esta vez, le había sacado el corazón. Me dijo que me fuera con ella. Playa, risas, sol, sexo, alcohol… Me ofreció eso y más. Pero lo tuve que rechazar, porque ella y yo NO somos pareja.

Hoy saldré, lo pasaré bien y es posible que hasta me esfuerce por ligar. Es lo bueno de estar soltero. Me emborracharé y acabaré con la primera que sonría y aguante a alguien como yo. Y puede que mañana juegue a su juego y pregone por internet lo bien que lo pasé, puede que cuelgue alguna foto, incluso un videoclip. Algo que, cuando lo vea sentada en la playa, no pueda sospechar que lo pongo para ella, pero que le recuerde a mí.

Voy a ver algún museo… con ella me divertia más. Un teatro… con ella me reía más. En los conciertos ya no bailo igual, y hay muchas series que tendré que dejar a la mitad. Menos mal que se fue. Con la de cosas que hicimos en tan poco tiempo, cualquiera podría pensar que somos pareja. Y no, no somos pareja. Ya he dicho que eso es algo que quedó claro en la última conversación.

Es casi de noche y todavía no me ha contestado al “buenos días, que lo pases bien”. Claro, si le mando otro mensaje podría llegar a pensar que quiero algo más. Mejor me voy al bar. Tequila, rock & roll y, con un poco de suerte, alguna tatuada me enseñará un Picasso, un Dalí… hoy admito desde un Tapies a un Mondrian.

Llego a casa borracho. Es tarde. Guadalajara en verano da asco. Pude haberme liado con una pelirroja, pero preferí seguir bebiendo, a ver si conseguía olvidarme de ti. Y no, no me salió bien. No sé si tengo acento norteño o balbuceo, pero no me entiendo ni yo. Hablo solo, lo que me faltaba. Seguramente, si no hubiera bebido tanto, me bastaría con pensar, y no habría vuelto al Facebook, al Twitter y al Instagram… Porque el WhatsApp ya da igual.

-¡Está en línea! -No la cagues. -¿Qué le pongo, “hola fea, ¿cómo estás?”? -Tú eres idiota. Mierda: el alcohol. Además de hablar solo, ahora somos dos. –¿Y algo como “hoy escuché Los Claxons y me acordé de ti”? –¿Los Claxons? Además de idiota, maricón. –Yo no tengo la culpa, es nuestra canción. –¿Y no son pareja? ¡Pero si tienes canción!  -¡Que no somos pareja! Y con eso zanjo la conversación.

Ya estoy escribiendo y tengo la sensación de que me ha podido ver. Hay que mandar algo, no me queda otra opción. -Puestos a hablar, sé sincero (vuelve a atacar mi otro yo, al que no se le calla con tanta facilidad). Pregúntale quién es el idiota y medio bizco que le abraza en las fotos. Pregúntale si ya se lo ha cojido, y si le gustó. Pregúntale si no le funciona el whats. Pregúntale si lo nuestro es algo, o si ya está. Pregúntale si ese tipo es tan idiota como lo fui yo.

“Te echo de menos”  es lo que finalmente envié. Lo leyó y automáticamente se desconectó. Queda demostrado que ella sí lo entendió. Lo que no queda tan claro es las veces que yo lo tendré que repetir. ¿Cien?, ¿mil? Pues vamos a empezar:

No somos pareja.
No somos pareja.
No, no somos pareja.

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